Historias de un joven Cofrade: Mi primera Madrugá con Jesús; por Antonio Jaén Sánchez

Historias de un joven Cofrade: Mi primera Madrugá con Jesús

Para quien no me conozca, mi nombre es Antonio Jaén Sánchez, nací un 9 de Julio de 1997 en Arcos de la Frontera. Hoy, vengo a contar la que fue mi primera gran experiencia como cofrade.
Toda mi vida habia soñado con ser hermano de Nuestro Padre Jesús Nazareno y poder realizar penitencia junto a él en la Madrugá del Viernes Santo. Desde que era pequeño, seguía a Jesús, todos los fines de semana iba a la Iglesia de San Agustin a verlo, era como ir a la casa de mi abuela, pues ella vivía justo al lado, en esa Calle San Juan en la que Jesús da sus primeros pasos en la madrugá y sus ultimos en las mañanas de Viernes Santo. Cada vez que veía su rostro, veía el rostro de mi abuela reflejado en él. Ella me inculcó el ser cofrade, el ser Nazareno. Desde su ventana se veía el tejado de San Agustin, pero ella veía el rostro de su Nazareno, al igual que en el cuadro que colgaba debajo de su cabecera. Cuando llegaba la Semana Santa, su impaciencia por ver a Jesús por su calle aumentaba, y la mía aumentaba junto a la de ella. Aquellos nervios al mirar hacia la veleta que esta en lo alto de la torre de San Agustin, aquellos nervios e incertidumbre de que la lluvia podria hacer acto de presencia y de que no pudieramos ver a Jesús como deseabamos nosotros y el pueblo de Arcos. Aún recuerdo aquellas madrugás en las que no me dejaban acompañar a Jesús en penitencia, pero lo hacia junto a mi abuela en aquella ventana. Junto a ella vivía las madrugás y las mañanas de Jesús al pasar por la Calle San Juan. Todo esto se repetia cada año, hasta el año 2009, la ultima vez que iba a ver pasar a Jesús junto a ella.
Un 17 de Junio de 2009, todo cambio, ella marchó a un lugar mejor, nos dejo a todos, pero su recuerdo y su espiritu siguen presentes en el rostro de Jesús Nazareno. En ese momento, y como le prometí un día, saldria junto a él todas las madrugadas.
Febrero de 2014, llegó el momento, me sentia seguro y con ganas de cumplir la promesa que un día le hice a mi abuela y la que un día cuando era pequeño le hice a Jesús junto a mi madre. Decidido de ello, me hice hermano de la hermandad, aunque no me hacia falta un papel para reconocer mis sentimientos, pues toda mi vida habia sido Nazareno. Llego aquella Semana Santa de 2014, mis nervios iban en aumento, cada día que pasaba. Mi madre seguia con aquella inseguridad de dejarme tanto tiempo solo en un camino tan largo, pero no iba solo.
Llegó aquel Jueves Santo. Recuerdo que de tantos nervios que tenia no descanse, ni siquiera dormí por la noche. Fuí por la tarde a ver salir a Vera Cruz y luego a los Remedios, y de mis nervios tuve que irme a mi casa, al menos a intentar tranquilizarme, pero eran tales mis nervios que a las 23:00h cogí dirección a San Agustin para hacer cola y ir lo más cerca posible de Jesús.
Se abrieron las puertas, pasé y cogí número. Solo mis amigos me quitaban los nervios a base de charlar. Hasta que llegó la hora, eran las 2:00 de la madrugada y las puertas de San Agustin se abrieron, y el cortejo comenzó a salir de la iglesia. Recogí mi cirio y sali por aquellas puertas. Tan solo 3 filas de penitentes me separaban de él. Pero yo sabia que no iba solo, mi abuela me acompañaba. Una foto suya se escondía bajo mi guante.
Llegamos a San Francisco, el cansancio era notorio, y aún más el no haber descansado previamente a salir de penitencia. Cuando salimos de San Francisco, decidí ir en el tramo de Jesús, justo detrás del paso de la Veronica. El cielo estaba nublado, y unas cuantas goteras pasajeras empezaron a caer, pero se quedaron en nada. Seguimos el camino hasta la parada en San Pedro, y luego hasta la Caridad. El cansancio no era en vano, estaba orgulloso porque estaba cumpliendo aquella promesa por primera vez, sabia que mi abuela me miraba orgullosa desde el cielo. Salimos de la Caridad y pusimos dirección hacia San Agustin. Aquellas cuestas parecian interminables, hasta que llegue a aquella Calle San Juan. Toda mi familia situada en aquel barranco. Las lagrimas de mi madre, de mis tías y de mis primas simbolizaban el sentimiento que habia en mi familia, al ver que lo habia logrado, que mi abuela se sentia orgullosa de mí, que aunque no estuviera allí, sabia que me estaba observando desde aquella venta como hacía cada mañana del Viernes Santo. No pude evitar derramar cientos de lagrimas hasta que llegue a San Agustin, donde aumentaron.
Sin lugar a dudas, aquel 18 de Abril quedará grabado en mi mente y mi recuerdo, la primera vez que salía junto a mi Jesús Nazareno. Cumplí aquella promesa, y siempre estaré orgulloso de pertenecer a la Hermandad de Nº Padre Jesús Nazareno, es más que un sentimiento.
Y así fue mi primera madrugá, pero no acaba ahí, 2015 dejó mucho más, pero eso mejor contarlo otro día. Ya son demasiadas emociones juntas. Espero que esta pequeña historia con tanto sentimiento os haya gustado.
Un saludo.
Antonio Jaén Sánchez


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